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O crónica escrita de un «quiero y no puedo».

Este no es el artículo que me gustaría estar escribiendo. Lamento no poder contaros lo que me gustaría de la Comic Con, pero las verdades pesan, así que vamos al lío. La Comic Con de Jerez es la digievolución del antiguo Salón del Manga, que se había venido celebrando con relativo éxito durante los últimos… ¿9 años puede ser? No me hagáis mucho caso, no me gusta el manga ni la subcultura otaku, así que no me muevo en esos ambientes.

Ya en su momento (hace unos meses) resultó extraño a la par que llamativo que se celebrase un evento así en Andalucía, pero tenemos ejemplos relevantes como el Salón del Comic de Granada, así que podíamos darnos con un canto en los dientes. Al principio todos los freaks lo recibimos con ganas, pero con el paso del tiempo la propia web de Jakemate (organizadora del evento) y su grupo de Facebook poco a poco traslucían que todo este tinglado era un proyecto bastante pretencioso y que la cosa iba a dejar bastante que desear. A un mes vista del evento muchos estabamos seguros que de «Comic Con» solo iba a tener el nombre, y que en el fondo seguía siendo el citado Salón del Manga (para más señas, observen con detenimiento la zona inferior del cartel del evento). A través de Facebook la cosa se lió bastante: por contarlo muy resumidamente hubo problemas con los precios, con los horarios, con los descuentos de Renfe, con el desconocimiento total de los autores asistentes hasta escasos días previos, malas contestaciones a posibles asistentes que tenían que desplazarse desde sitios como Barcelona, gente que esperaba que bajo la etiqueta «Comic Con» se encontrara «otra cosa más decente», o incluso la espontaneidad de uno de los posibles visitantes que sin dudarlo llamó por teléfono a la organización de la Comic Con International para preguntarles si realmente tenían una delegación en España, y si tenían conocimiento de que estaban usando su denominación sin permiso alguno… Con este aluvión de críticas previo yo tenía en mente asistir los 3 días y al final solo me pasé el sábado, y acerté en mi decisión.

El cartel de la convención.

En fin, que el pasado sábado 15 de Septiembre estuvimos echando el día en la primera Comic Con Spain que tuvo lugar en el Ifeca de Jerez durante todo el fin de semana. Llegamos a las 11:00 de la mañana y entre una cosa y otra no tuvimos que esperar cola. La primera impresión fue genial: pagando una entrada de 4 € (de un día) o 6 € (para los tres días) te regalaban el tomaco de la Saga de Fénix Oscura de Claremont y Byrne, o números sueltos de los Vengadores Ultimate. Todo un detallazo que corrió de la mano de la editorial Panini comics. Con eso la entrada ya estaba más que pagada.

Varios comics dedicados por los autores 😉

Al entrar en el recinto nuestra impresión fue que había un gran espacio (12.600 metros cuadrados) con muy poca ocupación por parte de stands, tiendas, actividades, etc. O sobraba espacio para lo que se había preparado, o faltaba gente (y cuando digo gente me refiero a tiendas y demás iniciativa privada, no hablo del nivel de asistencia de público que fue bastante numerosa…) Allí pudimos encontrar una división en secciones que abarcaban los comics superheroicos americanos (pijameros), series de televisión, cine, videojuegos, y distintas representaciones de la cultura oriental.

Aunque dicho así suene espectacular estamos aquí para hablar claro, así que no nos andaremos con medias tintas: Lo que había de comic superheroico americano era una exposición retrospectiva que nos mostraba la trayectoria de Spiderman en los últimos 50 años, bastante decente. Lo que hubo de series de televisión es la réplica del Trono de Hierro de Juego de Tronos, con el atractivo de poder hacerse una fotografía sentado en el mismo; así como bastantes contendientes del torneo de Soft Combat que iban disfrazados de personajes de la serie (pero de forma particular, y relativamente cutre). Y en realidad lo que vimos de «cine» eran descuentos y carteles cedidos en préstamo por los cines locales de la Unión Cine Ciudad pertenecientes a películas comiqueras, que se usaron para decorar el enorme espacio interior del Ifeca. Las películas de los carteles (en su mayoría) estaban bastante pasadas y como podréis ver en las fotografías, casi todas se encuentran ya en dvd desde hace tiempo. En ese sentido es una lástima que no se aprovechase la ocasión para hacer publicidad de estrenos recientes como la nueva del Juez Dredd, el remake de Desafío Total, o simplemente proyectar (en bucle si hace falta) el trailer en castellano/inglés del próximo estreno de El Hobbit

El escenario… y gente tirá en el suelo xDDDDDDD

De entrada si es cierto que eché en falta que hubiesen impreso un folleto de esos trípticos que entregasen a la entrada y que mostrasen el horario de las actividades, la organización y un pequeño mapa de donde llegar. He ido a otras jornadas/convenciones con muchas menos pretensiones y no fallaban en algo tan básico. Como no se por qué sospechaba que no tendrían ese detalle, me molesté en imprimir previamente el programa sacado de la web (para descubrir posteriormente que poco o nada cumplió con su horario previsto).

El dibujante Salva Espín, liado con mi Lobezno.

También tendría muchas cosas de las que poder quejarme, pero la principal es que la organización no parecía tener ni puta idea de nada. Particularmente pregunté unas ocho veces por el horario y sitio de firmas a varias personas que llevaban el dorsal verde, a la gente del mostrador de información (que me mandaron a preguntar a los dependientes de los stands), a los que llevaban la camiseta de la Comic Con, a tenderos, etc. Todos me enviaron a sitios diferentes y se iban pasando la patata caliente a lo «ve allí y pregunta…». La coña final fue que preguntando por toda la zona terminé encontrándome con el mismísimo Salva Espín, uno de los autores de la Marvel que venía a firmar, y ni siquiera él sabía dónde iba a sentarse ni cuando… Es más, podría incluso decir que cuando los autores se dedicaron a dibujar y dedicar tebeos a los aficionados, no había mesas y les trajeron unas «puertas viejas arrancadas sostenidas por caballetes» que eran lamentables. Si no había otra cosa, que hubiesen puesto un mantelito encima para disimular; pero había mesas de sobra y ya a la tarde se solucionó. Tarde, y porque la gente se quejó.

El dibujante Agustín Padilla, dibujándome a Thor.

Si es cierto que me llamó poderosamente la atención el gran espacio patrocinado por MediaMarkt, con un montón de chavalería que se disponía a lo largo de las 25 grandes pantallas conectadas a las Playstation3, Xbox360 y Wii. También me comentaron que estaba por allí la «zona de proyecciones» donde se ponían reportajes, películas y demás, pero yo reconozco que ni la encontré en principio, ni la vi lógica ni cómoda. Esperaba cuando menos que hubiera asientos, como frente al escenario… Si van a proyectar películas de 1 hora, pensaba que no ibamos a estar de pie.

La zona de MediaMarkt.

Por otro lado cabe destacar la gran cantidad de actividades que había, que aportaban variedad al asunto. Entre ellas las que más me gustaron fueron las de rol en vivo, rol de sobremesa (con partidas de Aquelarre e Yggdrasill), miniaturas, y los talleres de dibujo tradicional y digital. Lo que ocurre con esto es que estas iniciativas corrían por parte de voluntariado, y si lo mejor de un evento de estas características son acciones particulares de clubes y grupos de aficionados, estamos buenos…

La exposición de los 50 años de Spiderman.

También pudimos asistir como público a un concurso de Cosplay que tuvo lugar en el escenario. A pesar de que tuvo un par de momentos graciosos, hay que reconocer que aquello fue un espectáculo (de nuevo) lamentable y triste, con la participación de varios asesinos de la saga Assassin’s Creed, Porco Rosso y los Power Rangers, entre otros. No se si esto será tradición en los Salones del Manga (a los que, como dije antes, no asisto) y de casta le viene al galgo, pero yo tengo 28 años y aunque me encantan los comics, la fantasía y la ciencia ficción, no le veo la gracia a disfrazarme e ir dando vueltas por ahí. Sobre todo si el resultado es tan cutre; pero bueno, cada uno a lo suyo…

La cosplayer más espectacular: Jade + Factor bullate = 75%

En cuanto a las tiendas que asistieron, recuerdo que solo encontré comics en 2 stands, confirmándose mi sospecha de que sería una «Comic Con sin comics». Lo que sobraba eran, camisetas, miniaturas, peluches, corsés… y muuucho de manga y anime; en definitiva merchandising y frikadas por un tubo. Tiendas hubo pocas, la verdad. De Sevilla solo vi Edición Limitada, y conocí otras llamadas Player vs. Player (estos eran de Jerez), y también Leviatan Comics (que creo que eran de Cádiz, que llevaban cajas de tebeos con descuentos, y cuyos tenderos fueron encantadores y nos atendieron maravillosamente).

Eché muchísimo de menos que no hubiera mesas libres con sillas habilitadas en una zona de descanso que no perteneciesen a un bar o ambigú, ya que la imagen más lamentable (otra vez) fue que a ciertas horas del día había cientos de personas sentadas en el suelo (e incluso tiradas), tanto en el interior como en el exterior. A las fotos me remito.

La peña, de picnic ¬¬’

Conclusiones

Oportunidad perdida es la primera expresión que se me viene a la cabeza. Verde que te quiero verde es la segunda. Quiero y no puedo es la tercera. Mi acompañante quedó completamente decepcionada con lo que vimos allí, jurando que no volvería a acompañarme a un evento de características semejantes. Yo en cambio me lo imaginaba tan cutre que reconozco que no me pareció mal, salvo el tema del nombre.

Sketches dedicados de Espín y Padilla.

Aquello no fue la Comic Con, no nos engañemos. Si vas a montar el Salón del Manga, llámalo así y punto. Si lo llegan a llamar «Salón del Comic y la Ilustración de Jerez» no hubiera habido tanto revuelo, yo hubiera asistido igualmente y todos tan contentos. Parafraseando lo que dijo un indignado del grupo de Facebook: «Si montas el Salón del Manga no lo llames Comic Con; yo me reuno para jugar al futbol los fines de semana con los amigos y no lo llamamos Champions League«. El problema era que bajo el nombre Comic Con se generan una serie de espectativas y estándares que no se cumplieron NI DE LEJOS con lo que presenciamos el otro día. Como digo, pasé un día entero allí (el sábado, que en teoría era el día grande) y era la mar de triste. Habría que tirar de tiendas, tirar de autores de comic, tirar de las editoriales, y tirar de las series. Esas son las bases de las Comic Con. Si no puedes traerte a Kirkman (como hicieron el año pasado en el Salón de Barcelona), tráete cuando menos a Pacheco, que es de San Fernando y se apunta a un bombardeo. ¿Será por artistas españoles que trabajan para las majors del comic?. Si no te puedes traer a los actores de Fringe, coño pues tráete a los del Águila Roja, que son de aquí… Y así suma y sigue.

Yo no hacía más que compararlo con el Salón del Comic de Sevilla, que mira que es cutre, pero cutre cutre… y el año pasado nos cobraron 1 miserable euro y estuvo firmando Chris Claremont… Clama al cielo, qué menos.

El precio de la entrada me pareció razonable y los regalos me parecieron geniales, eso si. Me llevé a casa el tomo de Fenix Oscura (que muchos ya lo teníamos pero no pasa nada), uno número suelto de los Ultimates, un ejemplar de la Hobby Consolas… Estuvo bien. No me consideré estafado lo más mínimo, y al menos me llevaba algo a casa.

Regalazo: Todo Cristo llevaba 2 o 3 en la mano.

La organización era penosa en todos los aspectos. Las coñas de la fila de firmas eran en la línea de «información desinforma» o «la organización esta desorganizada». Los autores nos mandaban a hablar con la organización, y estos a su vez se lavaban las manos. Al final una chica que guardaba la cola decidió tomar la iniciativa y generar papeles sellados con número para poder establecer el turno de firmas y dibujos; se pidió que los dibujantes pudieran ejercer en unas condiciones mínimas (lo de dibujar sobre una puerta encima de caballetes). Muy triste que seamos los asistentes los que tengamos que encargarnos de esto. En concreto a los encargados les vi falta de información y falta de conocimiento freak. ¿Hay que dar el brazo a torcer por ser la primera? ¿La próxima estará mejor? ¿Es adecuado el nombre Comic Con? El tiempo lo dirá.

Tampoco me gustaría despedirme sin antes hacer una pequeña mención especial a Agustín Padilla y Salva Espín, ambos dibujantes de Marvel y DC que se pasaron dibujando sin parar de 12:30 a 14:00 y de 17:00 a 20:30, quejándose de que los caballetes de las mesas se movían, del calor asfixiante que hacía allí dentro, de la falta de iluminación y de agua, de los otakus que les traían comics que ni siquiera eran suyos para que se los dedicaran (increible la verguenza ajena), y del cansancio de tantas horas aguantando el chaparrón. A pesar de todo fueron muy amables con nosotros e hicieron alarde de una generosidad y paciencia infinitas con las largas colas de fans ávidos de un dibujo, y todo ello sin perder la sonrisa.

La cola de firmas de S. Espín. Por ahí anda un servidor…

La ausencia de tiendas era flagrante. Si los organizadores de esto se han visto tan desamparados por parte de los comerciantes, parece que no era solo el público el que recelaba del evento; y esto sin hablar de las editoriales del mundillo.

Y otra cosa: Lo del coche de Monster y lo del Parkour, muy guay vale, pero no lo entendí. Todavía le estoy dando vueltas y no se ni qué tienen que ver, ni qué pintaban allí…

Después de todo, anoche al volver a casa un colega me preguntó: «oye, y estuvo a la altura?», creo que no hace falta que os diga cual fue mi respuesta.

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Si existe un personaje atractivo en la historia de la literatura de terror, ese es el Drácula que surgió de la pluma del inquieto Abraham Stoker allá por 1897. Y si existe un medio donde el personaje ha cobrado vida, ese sin duda ha sido el cine, cuyas evoluciones e inclusiones en la cultura popular han ido de la mano y sin duda han sido parejas. Y es que cuando hablamos de Drácula, hablamos de cine.

Ya desde sus inicios Drácula tuvo un carácter marcadamente escenográfico. Ocho días antes de la publicación de la novela, el propio Stoker organizó una especie de lectura dramatizada que fue representada por un grupo de actores en el Teatro del Liceo de Londres, con gran éxito de público. La leyenda del vampiro en el cine comienza con el relato que yo llamo «La película perdida de Drácula»: Cuenta la historia del cine que la primera adaptación oficial cinematográfica de la novela Drácula la realizó un grupo de húngaros en 1921, que se rodó en Berlín y se tituló «Drakula halála» (algo así como «La muerte de Drácula»). Como curiosidad, el guionista de esta película perdida se llamaba Mihály Kertész, que terminó emigrando a Hollywood, se cambió el nombre por Michael Curtiz y acabó dirigiendo «Casablanca», con Humphrey Bogart e Ingrid Bergman. Lo que son las cosas…

En 1922 el cine del Expresionismo alemán nos mostró a Max Schreck interpretando a Graf Orlok (versión de Drácula sin los derechos de la obra, por problemas con los herederos de Stoker) en la película muda «Nosferatu el vampiro», que posiblemente sea la versión más cercana a la obra original. Posteriormente en 1924 se estrenó formalmente como obra de teatro en Londres, y ese guión fue el que la Universal Pictures adaptó a la gran pantalla en 1931 para su versión del vampiro interpretado por el carismático Béla Lugosi; ahora si grabando a fuego y para siempre esa imagen icónica del vampiro en el inconsciente colectivo con su porte aristocrático, su pelo repeinado, y su capa de cuellos de pico.

Saltémonos ahora el desenfreno de décadas posteriores y múltiples adaptaciones, reversiones y rarezas que no vienen al caso, como pueden ser la etapa de la Hammer Films (que se merece un post para ella sola y para el incombustible Christopher Lee), el «Drácula latinoamericano« (simultaneo al de Lugosi), el «Blacula» (nacido bajo el auspicio del espíritu Blaxploitation), o la versión de Chiquito de la Calzada. A pesar de todo podemos afirmar que es en el cine donde este personaje ha alcanzado su inmortalidad.

A lo que vamos; como decía antes: cuando hablamos de Drácula, hablamos de cine, y esto tuvo que ser justamente lo que tenía en la cabeza Francis Ford Coppola cuando le dio por volver a llevar esta historia al cine en 1992 con su «Drácula de Bram Stoker» (digno de recordar el magnífico trabajo de Gary Oldman y sus 5 o 6 Dráculas, donde le vemos como caballero, joven, anciano, cadáver, sombra, hombre-lobo, y hasta hombre-murciélago). Coppola no realiza aquí una versión «fiel» de la novela, como podría deducirse de su título, lo que no quita que sin duda sea una gran película. En principio la historia habla de Vlad Tepes, el caudillo voivoda rumano del s.XV. Ningún cineasta había tenido hasta entonces (excepto Leon Klimovsky en la española «La Saga de los Drácula») el valor de unir la historia de Vlad al vampiro de una forma tan clara y patente. Al poco de su desarrollo la película relata una fallida historia de amor entre el Conde y Mina, se filosofa mucho acerca del amor inmortal, y se pierde un poco el norte de la historia que se esta contando; encajando menos aún si se ha leido previamente la novela (cosas de Hollywood). Suerte que durante casi todo el metraje contamos con un original Van Helsing interpretado por Anthony Hopkins, enigmático e histriónico por momentos, que ejemplifica un perfecto némesis para el no-muerto. Lo curioso es que Drácula es tan solo una excusa que utiliza Coppola durante toda la película para contarnos lo que realmente le interesa: una retrospectiva sobre la historia del cine en sus comienzos, con sus juegos de sombras chinescas, su uso de la cámara oscura, sus proyecciones del Cinématographe, el tren de los Lumiére llegando a la Ciotat, y muchas otras cosas que posiblemente se me olvidarán ahora mismo.

El caso es que para esta película se contrató a un tipo con gafas y calvete llamado Mike Mignola, que según las fuentes que se miren aparece acreditado en la misma como «concept artist», «art contributor», «illustrator» y no se qué más. En definitiva parece que se encargó de los film sketches y de alguna otra cosa, en lo que fue la primera y (hasta que llegó su Hellboy) única incursión de este hombre en el mundo del cine. De un modo u otro parece que consiguió hacerse con los derechos para adaptar oficialmente la película al cómic (que es su campo), para lo que contó con el inestimable Roy Thomas en el guión (un genio al que jamás podriamos agradecerle lo suficiente todo lo que ha trabajado por y para Conan el Bárbaro en la época de Barry Smith, la Espada Salvaje, la Saga de Bélit etc, etc, etc.)

Como producto de este crisol de genios os dejo aquí para que podáis descargarlo cuando queráis el que posiblemente sea el cómic más buscado (o uno de los más buscados) del mercado nacional e internacional en este momento. La calidad del escaneo es bastante decente, la recopilación de páginas la he hecho yo, y la edición en pdf también. He adjuntado también una colección de originales del propio Mignola, en blanco y negro, en los que puede apreciarse la maestría del dibujo y del entintado. Eso si, advierto, el idioma de los textos es inglés, ya que me ha sido imposible encontrarlo de otro modo.

PARA DESCARGAR EL COMIC HACED CLICK AQUÍ.

Que lo disfrutéis.

Vuestro amigo,

D.

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Ah… los iconos del cómic superheroico norteamericano… Símbolos patrios, maniqueísmo, grandes barbillas y mallas de colores. ¿Acaso no son el turbio reflejo del espejo en que nos reflejamos toda la sociedad de Occidente? ¿Transmiten el mensaje correcto a las legiones de jóvenes adolescentes que (todavía) los leen? (Ooh… que alguien toque la campana ¬¬’)

Yo… lo reconozco, jamás he sido muy devoto del Capitán América. No quiero entrar en una discusión política sobre  los colores de su traje, la estética y simbología, o su «filosofía» (todo ello similar a la de Superman, que curiosamente fue mi ídolo de la infancia). Por decirlo un poco a la ligera, me alegro de que se lo ventilaran en la Civil War (aunque el jodío es retornable, como las viejas botellas de la Cruzcampo), y si, siempre fui claramente partidario del bando de Iron Man (porque mola más ser un prodigio de la ingeniería, rico, putero, y sobre todo borracho).

Total, acaba de salir el trailer de la nueva peli del «Capi» y hasta ahora lo único que me ha gustado (al igual que en aquella infame película del mismo personaje que se hizo allá por los años 90, y que alguno recordará) han sido las primeras imágenes del viejo Red Skull (epítome de los malvados comunistas-nazis megalómanos anticapitalistas), interpretado en esta ocasión por el magnífico Hugo Reinadeldesierto Weaving.

 

¿Alguien ha dicho Priscilla?

 

Y el nuevo trailer, donde se demuestra claramente que ser un canijo mola mucho menos que estar cachas. Para que le echéis un vistazo:

 

Y algunos extras más:

Linterna Verde:

Thor (mi favorito hasta ahora):

Capitan America again:

 

Ah, y ya puestos a confesar, yo ahora mismo me estoy leyendo La Cosa del Pantano de Alan Moore. Porque todavía hay cómics y cómics.

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